Los truenos no paraban de resonar en las paredes de la escuela Ancos, mientras una lluvia torrencial caía. Ningún animal se acercaba a sus terrenos, pues le tenían respeto a todos los seres que la habitaban. Ahora que me encuentro delante de su gran portal, puedo sentirme como esos animales. Aterrorizada. Me encontraba en un pequeño pueblo, aunque no sabía donde se encontraba, ya que me dormí en el autobús. Suspiré. ¿Por qué mi abuela me matriculó en este colegio? Toda la zona estaba rodeada de árboles, parecía un bosque.
-¿Quién anda ahí?-gritó una gastada voz desde las sombras de las torres.
Pegué un salto al no esperármelo, mientras miraba a mi alrededor alerta, agarrando fuertemente el paraguas. Un hombre anciano, bajo de aspecto demacrado vestido con un abrigo de lana gastado, me miró fijamente con sus ojos azul claro. Un escalofrío me recorrió entera. Parecía un fantasma.
-Oh, usted debe ser la señorita Santana-sonrió cuando un rayo iluminó el cielo, dejando ver sus podridos dientes- déjeme que le abra la puerta.
Asentí nerviosa y me aparté un poco. De uno de sus bolsillos sacó un gran llavero con al menos veinte llaves, buscó una en especial. Una llave de bronce, antigua, muy antigua. Andando a pequeños pasos, cojeando, abrió el gran cierre de la puerta metálica, la cual se abrió sola. Abrí los ojos asustada, esto me parecía una película de terror. Cogí mi maleta del húmedo y embarrado suelo, y fui entrando poco a poco. Los árboles sin hojas, parecían susurrar con el viento, riéndose de la nueva estudiante, mientras la lluvia empapaba sus zapatos y su maleta. No había verde, todo era gris, tampoco habían flores, pero si había una hermosa fuente en el centro del camino. Me acerqué y observé mi reflejo. El agua era roja como la sangre. Me alejé rápidamente y no lo soporté más corrí como loca hasta la entrada. Mi respiración estaba agitada de tanto correr, aunque no lo pareciese era enorme sus jardines. Cerré mi negro paraguas de Micky Mouse y entré en el edificio. Una enorme sala redonda de suelo empedrado e iluminada con antorchas, fue lo que me encontré. Parecía estar en un castillo medieval, y era verdad, desde afuera se podía ver el edificio con todo su esplandor.
-Bienvenida señorita Santana, por favor venga conmigo-dijo una mujer morena trajeada con unas extrañas ropas.
Asentí. Cada vez era más extraño.










